“El miedo penetra tanto en los cuerpos, que incluso impide que la gente se relacione tranquilamente”



Entrevista realizada por: Jefferson Ramírez

Luz Amparo no puede sacar de su cabeza varias imágenes de la Comuna 13, en Medellín. La primera vez que la contempló fue en un atardecer. El sol cayendo sobre las casas y formando tonos rojos resultó ser un paisaje al que no se pudo resistir. Supo entonces que quería hacer un trabajo de memoria en ese lugar. “Era como ver tres montañas forradas de casitas que eran en adobe. Eran tonos rojos”, dice. Años después, en 2002, fueron imágenes de miedo, muerte y dolor las que quedaron atadas a su memoria.

-Una familia huyendo. Adelante va un niño y van con unos rostros de tanto terror. Ellos van corriendo, lo que me hace pensar que están huyendo de algo. Esa es una imagen. La otra imagen es la de montones de militares y de personas metidas en sus casas, por esos movimientos, por esa velocidad. De pronto se mueven, de pronto están quietos.

La Operación Orión ocurrió en San Javier, Comuna 13, entre el 16 y 19 de octubre de 2002, cuando el presidente de Colombia era Álvaro Uribe Vélez. La operación militar fue ejecutada por tropas de la cuarta brigada que eran comandadas por el general Mario Montoya. Cerca de mil hombres ingresaron a la comuna, entre los que se encontraban paramilitares del Bloque Cacique Nutibara. Los datos de personas asesinadas varían entre 80 y 150 personas.

Luz Amparo mantiene intactos esos recuerdos. Los reconstruyó a través de testimonios y lo que pudo ver por televisión. Su trabajo por los derechos humanos y en la Comuna 13 ha marcado gran parte de su vida. Es una mujer que trabaja en terreno y conoce muy bien las comunidades. Por eso sabe de la vulnerabilidad de quienes habitan la Comuna 13 y cómo una guerra como la que se vivió allí dejó secuelas más allá de las físicas o las que pueden registrarse de forma oficial.

Ha tenido que soportar el dolor de las injusticias. Presenció cómo jóvenes que vivieron la Operación Orión empezaron a trabajar por la paz. Luego, empezaron a asesinarlos. Fue un momento de mucho dolor que la atravesó como si la hubieran “juntado el pecho con la espalda”. Aun con ese dolor a cuestas, mantiene la esperanza en la juventud. Hoy su corazón sigue con la Comuna 13, con la fe y los cantos de tantos jóvenes que creen en la no violencia.


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